sábado, 16 de diciembre de 2017

Cartas a una muerta (Fabio)

Querida Sarah:
Aquí me ves escribiéndote , como cuando tú estabas en la universidad, y mientras estudiabas en mi escritorio, yo te escribía torpes palabras de amor en un cuaderno . 
Estoy aquí sentado,  mirando cómo pasan los días,  sé que de alguna forma me estarás vigilando desde algún sitio, y se que desaprobarás mi estado.
También creo que lo te voy a decir lo sabes de sobras; te quiero,  te he querido toda mi vida y no sé como llevar esto sin ti, siempre me has apoyado en todo y ahora ya no estás.
Te voy a explicar cosas que creo que no sabes o quizás,  en el fondo sí,  y siempre lo supiste y obviaste.
Aún recuerdo nuestro primer viaje a Bilbao fue en aquella época en la que tú ibas,  creo, cada mes. Habías conocido a gente allí y Barcelona se te había quedado pequeña. Un buen día decidiste que ibamos a hacer un viaje, no teníamos nada,  absolutamente nada entre nosotros,  siempre fuiste tú la que decidas como iba a ser nuestra relación y yo siempre te seguí. Fue quizás un viernes, no lo recuerdo, y hablando sentados en un bar tomando una cerveza me dijiste: 
- Oye, ¿por qué no nos vamos unos días a Bilbao?, necesito despejarme.
Para ti, despejarte era irte a Bilbao, recorrer Zazpi Kaleak, fumarte 40 petas, beberte hasta los charcos, y vivir la vida que son dos días.  Cómo lo echo de menos.
Recuerdo cada uno de los detalles de aquel el fin de semana que pasamos juntos por primera vez, tú con media cabeza rapada, esas patillas largas, ese flequillo de color rojo, parecías una kale borroka; y yo que lo más parecido que había tenido a ropa informal era un tejano. Aún así decidí que me iba a ir contigo hasta el fin del mundo, que si tú me pedías la luna, yo te la bajaba. No hay día en el que no recuerde todo aquello, aún te veo mientras te arreglabas, a tu manera.  Arreglarte a tu manera era ponerte unos tejanos rotos, unas Converse un jersey a rayas y tú palestino lleno de agujeros hechos de las chinas de los canutos y ponerte un poco de cacao en los labios. ¡Qué diferente eres ahora!, más sofisticada, más mujer, aún con ese aire de niña rebelde que tanto me gusta,  como ves sigo sin saber sin saber hablar de ti en tiempo pasado.  Recuerdo que te observaba desde la cama con admiración ¿cómo podías haberme robado el corazón de esa manera? A través del espejo,  con una ceja levantada y con cara de sorprendida, refunfuñaste; no entendías que hacía desnudo en la cama mientras te contemplaba con aquella cara de bobo.
- Piltrafa, levanta de una puta vez. Vístete que nos vamos.
Y siguiendo tus órdenes, como siempre,  me fui a la ducha. Me puse mi ropa,  pantalón de vestir,  zapatos,  camisa y mi americana. Cuando salí del lavabo y me viste con aquellas pintas, tus carcajadas aún resuenan en mis oídos. Me cogiste de la mano y me dijiste vamos a comprarte algo decente,  así no puedes salir conmigo. Me arrastraste escaleras abajo de aquella pensión que tanto te gustaba en mitad de Zazpi kaleak,  y caminamos como unos 500 metros,  me llevaste al Arise. En aquella tienducha me tuve que comprar una camiseta negra de Exploited porque era la única camiseta de mi talla que había en toda la tienda,  una sudadera negra lisa con capucha y cremallera, unos tejanos medio rotos, que aún sigo sin entender porque pagué por aquellos tejanos cuando parecía que los hubiesen usado 200 indigentes antes que yo, y por supuesto,  me tuve que comprar algo parecido a unas Converse; eran una imitación aunque casi costaban lo mismo que unas Converse auténticas. Subimos de nuevo a la pensión, me cambié,  me puse aquella ropa. Y juro que jamás me había sentido tan disfrazado, pero tu sonrisa valía todo aquello y más. No hay un sólo día en el que no rememore esa sonrisa, ojalá te la hubiese podido devolver. Salimos de allí, callejeamos,  por supuesto conocías cada una de las tabernas, las herriko tabernas y Arrano tabernas que habían por todo Bilbao. Al menos no di la nota, si hubiese llegado a salir con aquel traje seguramente o nos hubiesen echado,  o me hubiesen pegado. En una de las cavernas, por llamarla de alguna manera,  en las que paramos conocí a uno de tus amigos Eder. Recuerdo que te habló en vasco, y yo no tenía ni la más mínima idea de lo que te estaba diciendo; tú como siempre tan dada a los idiomas, le hablaste medio en castellano medio en euskera. Siempre tan dispuesta a aprender todo. La gente me miraba de forma extraña, cómo haciéndome un escaner, ya no solo porque yo me sintiese disfrazado y fuera de lugar,  sino porque jamás habías llevado a un chico contigo a Bilbao. Eder se acercó y y me dijo al oido: eres un tipo con suerte, no la sueltes,  ojalá hubiese más vascas como ella.
Nunca te dije lo que me susurró al oído, imagino que te preguntarás porque no te lo conté,  pues porque sabía que lo nuestro no iba a durar.  En aquel viaje yo tenía preparado decirte que te quería, que te necesitaba,  que la relación que teníamos no era suficiente para mí y,  efectivamente,  no fui capaz de decírtelo por el miedo a perderte.
Fue un mes más tarde cuándo te perdí definitivamente,  estábamos tomando un café tranquilamente en un bar cerca de la estación de Sants y te dije la gran frase: tenemos que hablar. Supongo que ya sabías lo que te iba a decir,  e intentaste evadir el tema,  no querías perder lo que tenías pero yo necesitaba decírtelo. Te cogí de la mano y te dije: Sarah,  te quiero,  me he enamorado de ti como un imbécil, y yo no puedo seguir con este tipo de relación. Necesito estar contigo, pero estar contigo de verdad.
Tu cara,  un poema, no sé si tenías preparada aquella frase de hacía tiempo,  y me dijiste: Fabio lo siento, de verdad que lo siento y no te lo digo por decir. Yo no siento lo mismo que tú,  me va bien como están las cosas ahora,  pero entiendo que si tú sientes algo más,  entonces ya sabes que ésto se acaba aquí.
En aquel momento sentí como el corazón se desquebraja dentro de mí, y te dije que estaba bien,  que no pasaba nada,  que podíamos seguir así como hasta ahora, pero tú no quisiste hacerme más daño y decidiste dejar lo que teníamos. Siempre he pensado que si me hubiese callado, que si hubiese dejado pasar el tiempo, quizás y solo quizás,  habrías querido seguir con lo nuestro. Te habriás enamorado de mí, me habrías amado, no lo sé, siempre he pensado que fue un mal momento para decírtelo,  y que si tal y como dicen el tiempo lo cura todo,  quizás el tiempo hubiese hecho que te enamorases de mí. Supongo que me ilusioné, habíamos ido juntos a una mini escapada, durante aquellos días sentí que realmente éramos una pareja, no sólo dos amigos que practicaban sexo por placer. Pasábamos mucho tiempo juntos y creía que nos compenetrabamos.
Siempre soñé contigo, no te voy a negar que alguna calentó mi cama, algo fugaz y sin sentido, sin sentimientos, pero no eras tú,  siempre desee que fueras tú. Te echo tanto de menos. 

Te tengo que pedir perdón, nunca te lo confesé, cuando nos fuimos a Tailandia y tu móvil empezó a hacer cosas raras y me dijiste: ¡ostia puta, no sé qué coño le pasa al móvil!, te fuiste a duchar y cogí tu móvil, lo siento muchísimo.  Vi su mensaje, no iba a dejar que te hiciese más daño en tus últimos días, y aún sabiendo que aunque lo habías superado,  le seguías queriendo.  Decidí que lo mejor era borrar aquel WhatsApp, sólo te preguntaba qué tal estabas,  pero lo borré.  Cambié su número, sólo uno de los dígitos y lo guardé, por eso nunca más supiste de Él, porque no tenías su teléfono, perdóname. No quería verte mal,  estabas muy enferma y quise disfrutar de cada uno de los días que pasamos juntos. Sé que en aquel momento, si hubieses visto el mensaje, le habrías contestado; le habrías escrito que estabas bien, que todo te iba bien, cómo siempre hacías con todos y cada uno de nosotros. No me dio la gana, no quería que malgastases ni un segundo más con Él. En el fondo sabes que siempre lo odié y lo envidié, nunca quise hacerte daño, te lo juro,  pero no podía permitir que por tu cara callese una lágrima más.  No te merecías eso,  sé que lo llevabas bien,  pero también sé que cada vez que Él te escribía tu humor de aquel día cambiaba, te pido perdón nuevamente, no tenía ningún derecho a hacerlo, pero lo hice y la verdad es que no me arrepiento. El viaje a Tailandia es lo mejor que me ha pasado en la vida,  tu cara de asombro,  tu felicidad,  tus ganas de verlo todo, levantarte por la mañana con ganas de vivir, no lo cambio por nada; de lo que he hecho, espero que estés donde estés sepas perdonarme. Me gustaría explicarte tantas cosas Sarah,  ojalá estuvieses aquí.
Recuerdo el día en que me fui a New York,  me habían ofrecido un puesto de trabajo mejor y mejor sueldo, con la posibilidad de volver a España cuando  me diese la gana.  Esperaba que me detuvieras, que me dijeses que no me fuera, pero cuando te lo dije simplemente me dijiste : Que tengas mucha suerte, que seas feliz porque te lo mereces.
Tú siempre fuiste una huída hacia delante para mí, si me fui a Nueva York fue por estar lejos de ti, no soportaba verte y no poder estar contigo como yo quería.  Tampoco soportaba que estuvieses con alguien,  todos me parecían una panda de gilipollas que no te llegaban ni a la suela de los zapatos, por eso le odiaba tanto, porque te robó el corazón cosa que yo no fui capaz de hacer.
También recuerdo el día en el que te vi sentada en Plaza Cataluña, sola, destrozada,  llorando. Si lo hubiese tenido delante le hubiese partido la cara,  ¿cómo tuvo los santos cojones de utilizarte? nunca te había visto tan abatida ni tan dolida.  Cuando por fin destruyes muros,  que aún sigo sin saber cómo lo hizo,  cuando por fin muestras cómo eres, va y te abandona, te dejo ir pajarito, no te merecía. Lo que más me duele es que aunque tú hayas muerto, Él vive con la conciencia tranquila, porque tú se lo permitís te, le regalaste la tranquilidad de saber que le perdonabas, con lo rencorosa que eres.  Le perdonaste no haberte querido,  le perdonaste haberte dejado tirada como una colilla cuando más lo necesitabas. Para mí, siempre fue un cobarde, nunca estuvo en tus malos momentos, en el momento que había un problema salía huyendo y tú volvías arrastrándote y perdonándole, hasta el último día. Aún no entiendo porqué fuiste tan benévola con Él. 
Nos has dejado solos, sin tu risa, sin tu cariño,  sin tus palabrotas, sin tu sarcasmo, sin tu ironía. La vida no es justa, pero eso ya lo sabemos desde que nacemos. Es algo que me enseñaste tú. Me has regalado cosas muy hermosas, experiencias y vivencias que jamás habría hecho o vivido sin ti; pero ahora estoy solo, Sarah, muy solo. Me siento vacío, seguiré escribiendote y cada vez que me acerque a la orilla de algún mar, te hablaré, sé que me escucharás y hallaré respuestas aunque muchas de ellas no sean de mi agrado.
Hoy no puedo seguir escribiendo,  porque cada palabra son agujas en mi corazón. Te vuelvo a pedir perdón por lo que hice y te pido perdón por no poder pensar en ti en pasado. Te quiero mucho Sarah no lo olvides nunca.
P. D. Parado frente al mar, mientras el mundo gira.

jueves, 23 de noviembre de 2017

De cómo desear morir

Tal y cómo me había prometido, iba a vivir cada segundo cómo si fuese el último. Estaba demasiado débil, "la cosa mala" me estaba dejando echa un asco, pero eso no me impidió hacer mi última terapia. Me la merecía, tenía derecho a pagar todo lo que me estaba pasando con una desconocida.

- Sarah, me puedes explicar qué pasa por tu cabeza, sin miedo a ser juzgada - ahí estaba mi loquera intentando que me abriese a ella.
- No estoy pensando en nada y, no me gusta mendigar pena.
- Porqué siempre sueltas lo de la "pena", te escudas en esa palabra - enfatizó en esa palabra que tanto he odiado este último año.
- Bufff - me aburro - no me gusta dar pena, no quiero que nadie me trate diferente en este "ciclo" - y enfaticé en esa palabra haciendo burla de su frase anterior.
- Sarah, no estoy para juzgarte, lo sabes ¿no?, ya sé que conoces las terapias y tienes la respuesta perfectamente locuaz para todo lo que te pregunto; pero, ¿no te cansa estar siempre a la defensiva?
- No estoy a la defensiva - mis cojones que no - ¿quiéres que te diga la verdad? - venga que mi negra del Bronx está preparada para disparar.
- Por supuesto que sí, sólo estoy para escucharte.
- Estoy echa una puta mierda, mi padre está echo una mierda, mi familia está destrozada. Me agobia pensar que no existe un futuro, en si mañana voy a abrir los ojos o no. Quiero morir sabiendo que me han amado y que yo he correspondido. No sé como afrontar el mañana, es más no sé ni cómo afrontar las próximas dos horas sin pensar en que me voy a morir y que me quedan mil cosas por hacer, ¿continúo? - ante mi agresividad verbal, ella simplemente asintió mientras tomaba notas en aquel absurdo papel - estoy cansada de sonreír y decir que estoy bien, cómo si no pasase nada. No entiendo porqué todo ha salido tan mal, y ya sé que me vas a decir que estoy en la fase de negación, pero estoy hasta los huevos de hablar con gente desconocida de lo que me pasa; de no poder descargar toda mi mierda y que me digan que van a estar ahí hasta mi último aliento. Ya sé que tengo a personas a las que le puedo contar todo, pero no quiero echarles mi mierda. Y también sé como se llama esto, no quiero crear una dependencia emocional. - paré un segundo para coger aire - 
Estoy harta de tener que fingir, de no poder llorar tranquilamente, de ahogarme en mí misma, de tener que mirar hacia otro lado porque no soy capaz de asumir todo lo que me está pasando. 
Cansada, estoy cansada, de decirle a todo el mundo lo que quiere escuchar, que no se sienta mal por mí, que todo pasa; que todo el mundo tiene que continuar su vida.
- Sarah, - me interrumpió - debes expresarte y poder sacar todo esto de tu interior porque te está comiendo por dentro. 
- Y hasta aquí puedo leer. Espero que hayas obtenido suficientes notas para tu próximo estudio sobre personas que no pueden asimilar el cáncer. - y me levanté como alma que lleva el diablo, cerré la puerta detrás de mí, y sentí el mismo alivio que se siente cuando tienes gastroenteritis y vomitas como una cerda. 

Recorrí aquel pasillo cómo una autómata, conocía perfectamente todos los pasillos de aquel hospital. Realmente estaba cansada de decirle a todo el mundo lo bien que estaba y que, como siempre, no pasaba nada. Ese día solo quería "hacerme bola" y que alguien me acurrucase durante horas mientras lloraba todo lo que no había llorado en aquel tiempo.

- ¡Sarah!, ¡Sarah!, ¡quieres parar! - había olvidado por completo que no había ido sola al hospital.
- Perdona, es que no sé dónde tengo la cabeza - hice un reset, me toqué el pelo y volví a sonreír.
- No estás bien, ¿quieres ir a casa? - sabía que en realidad era una afirmación, no una pregunta.
- De verdad, no pasa nada, estoy bien, es la puta loquera que siempre me saca de quicio. 
- Siempre igual, cada vez que vienes te peleas con ella.
- No me vengas con broncas, que es lo que más me hace falta ahora mismo - de nuevo otro reset - perdona, es que no sé que me pasa.
- Sí sabes lo que te pasa, pero como siempre no vas a contar nada a nadie, te lo vas a comer, y en unas horas todo ha pasado. Esto no funciona así, Sarah. 

Bajamos por el ascensor, y no le dirigí la palabra, sé que tenía razón, pero no iba a dársela, tenía mi derecho a pataleta, tenía todos los derechos del mundo. Llegamos al coche sin mediar palabra, Fabio sólo hacía que tocarse el pelo y eso ya sabíamos que significaba; que estaba nervioso, y se estaba reprimiendo.

- Eres la única persona que me pone al borde del abismo - me espetó al cerrar la puerta del coche; respiró profundamente - te tengo que perseguir, ni si quiera cuándo estás enferma eres capaz de - y se calló.
- ¿De qué? ¡vamos! si ya después de descargar con una, puedo con dos - mi negra del Bronx había vuelto y con fuerza.
- De pensar en ti, de pensar en ti, joder - y echó la cabeza hacia atrás; había dejado las llaves en el contacto pero no las había girado.
- Lo siento - y aquel perdón era sincero - sé que estás haciendo lo imposible por no aplastarme la cabeza - y sonreí - no te lo estoy poniendo fácil
- Nunca has sido fácil.
- Estoy cansada de luchar sóla - por fin algo sincero de mi boca.
- No estás sola, sé que no te puedo dar lo que tu quieres, ni tú a mi lo que yo quiero. Pero planteémonos tener lo que tenemos hasta ahora. Yo estoy bien si estoy a tu lado, déjame ser yo quién decida si esto es justo o no. 
- No es justo para ti, y lo sabes.
- Es algo que tengo que decidir, yo y sólo yo. No te estoy pidiendo tener una relación, ni ser novios, ni pareja, ni nada; tan sólo déjame estar y darte todo lo que te pueda. 
- No sé qué decirte - y la verdad es que no tenía ni la más remota idea, me había quedado sin palabras.
- No puedes alejar todo lo bueno que tienes de tu vida, por el simple hecho que tengas miedo a morir mañana.
- No estoy alejando todo lo bueno, tan sólo es que no quiero que nadie pase por esto.
- Soy yo el que quiere estar a tu lado, no te pido tu consentimiento, no lo entiendes.
- No quiero que nadie se preocupe, no quiero que tengas que verme así - y me eché a llorar; otra vez un mar de lágrimas recorría mi cara, cuál niña pequeña.

- Me desabrochó el cinturón con cuidado y me abrazó hasta que dejé de llorar, me quedé dormida. Sólo recuerdo llegar a cuestas hasta la cama. Realmente estaba agotada.

Era media noche, estaba soñando con Él, nada de sueños eroticos no seáis mal pensados. En mi sueño Él estaba abrazandome en plan "cucharita" como tanto me gustaba, y me besaba la cabeza mientras me decía un "te quiero"  de esos vanos que a veces escuchaba. Sentí su calor en mi cuerpo. 

- Sarah, ¿estás bien?, llevas mucho rato moviéndote - Fabio se despertó y se levantó  de su cama, dormía justo a mi lado. 
- Si - susurre - te quiero, no me dejes. 
- Estas ardiendo - me toco la frente - estás delirando. Voy a llamar a una ambulancia. Joder. 
- Déjame ir - realmente quise morir en ese momento, no quería sufrir más. Sentí que mi cuerpo me abandonaba y en mi mente,  estaba feliz. De verdad quise morir. 
De fondo escuchaba como Fabio llamaba a esa jodida ambulancia. Díez minutos más tarde estaba en el hospital, llena de tubos y con dificultades para respirar.  



martes, 24 de octubre de 2017

Me perdí en el mismo laberinto que Tú

Me encontraba delante de mi portátil, con una tarjeta de crédito que no era mía, buscando vuelos a Tailandia. ¿Qué cómo he llegado hasta aquí? 

Era sábado, el sábado siguiente después de enterarme que mi padre tenía cáncer. Y estaba haciendo mis maletas, casi cómo una autómata. Había mantenido una conversación muy reveladora con mi padre y mi madre. Por primera vez abrí mi mente y mi corazón, sin ironías, sin sarcasmos, sin muros; y todos vomitamos nuestros sentimientos. Las lágrimas dejaron paso a una promesa que les hice, iba a disfrutar cada segundo. Me lo debía a mi misma.

Iba a recorrer más de mil trescientos kilómetros de ida y lo mismo de vuelta, para disfrutar de la compañía de mis amigos y mi familia; no iba a ser fácil, pero iba a ser un mes en el que tenía que reflexionar y dejar de pensar tanto en la muerte. Iba a dejar de apiadarme de mí, y por una vez en mucho tiempo, iba a vivir. Después de ese mes, en un acto de locura, mi mejor amiga y yo preparamos un segundo viaje en el que íbamos a recorrer la costa de Sicilia. Y a la vuelta, a la vuelta ya veríamos.

Primera parada, Zaragoza; allí me esperaban mis amigos con los brazos abiertos; hacía mucho que no nos veíamos. Coincidieron las fiestas mayores de varios pueblos, cómo es lógico en agosto, y disfruté de todas ellas. Entre risas y momentos incómodos en los que las personas que más te quieren no saben cómo preguntarte por ti y tu padre, olvidé por completo el hospital, los tratamientos y los dolores. Me permití el lujo de disfrutar de unas cervezas después de tanto tiempo, subí en ataracciones de feria y exprimí cada segundo de varios conciertos rodeada de la multitud, saltando y  gritando. Dejé el que dirán fuera de mi cabeza y le di unas vacaciones bien merecidas a mi negra del Bronx. La fatiga y algunas molestias aparecieron, claro que sí, pero no dejé que eso invadiese mi mente, unas buenas terapias de descanso y soffing me mantenían en pie; y por supuesto que algunos días no me pude levantar de la cama; pero esos días se han perdido en algún cajón del olvido de mi cabeza.

Siguiente parada Madrid, me dirigí a ver a mis dos amigas de la infancia Menchu y Ruth (prometí no cambiar sus nombres en este relato). Menchu ya estaba echa una "madraza" con sus dos pequeños Sarah Maria y Marc; y Ruth seguía igual de loca que hace nueve años. Recorrimos Madrid en una semana y nos pateamos todos los museos, salas de jazz y lugares alternativos y estrambóticos dónde salimos con alguna que otra sorpresa, como por ejemplo ver a un chico completamente desnudo; bueno completamente no, llevaba pajarita, algo muy elegante.

Seguí mi viaje hasta Huelva dónde mi familia esperaba ansiosa mi llegada, este viaje fue más sentimental. Durante todos aquellos días, alguien se apiadaba de mi familia recordándome la mala suerte que teníamos, me abrazaban y me daban recuerdos para mi padre que no se había podido desplazar hasta allí. Caminé por aquellos caminos desiertos durante horas, me empapé del sol y bebí agua de las fuentes que por el camino me encontraba. Disfruté de la compañía de mi familia y volví a establecer vínculos con antiguos amigos. A diario visitaba el bar de aquel minúsculo pueblo dónde todos me trataban como "la pequeña"y hacían cómo si me sintiese por fin en casa. 

Regresé un sábado por la tarde a mi casa, casi no me dio tiempo a deshacer la maleta ya que al día siguiente de madrugada salía mi vuelo a Sicilia con mi mejor amiga. Casi perdemos el vuelo, Silvia se había dormido y tuvo que coger un taxi a toda prisa. Llegamos por los pelos, menos mal que habíamos hecho el check-in online sino nos quedamos en tierra, una anécdota más.
Este viaje fue más calmado, disfrutamos del mar, los paseos, los baños en la piscina del hotel y de los deliciosos helados y granizados. Las noches las pasábamos en los launge bar más pintorescos que encontrábamos , tomando cocktels y deleitándonos con conciertos en directo; en alguno de ellos llegamos a bailar rock and roll y swing de los años treinta. Al más estilo guiri, cenamos en un restaurante de lujo con vistas al mar, eso sí, pedimos pizza y pasta; catamos el mejor y el peor vino de la costa norteña de Sicilia, soñando entre copa y copa que nos quedaríamos allí para siempre. Un viaje sin planear que jamás olvidaré, no solo por las maravillosas playas, sino por el tiempo que pasé con Silvia, dónde las risas no cesaron y las ganas de pensar en el futuro volvieron a mi cerebro.

A la vuelta mi cuerpo dijo basta, y tuve que estar en cama más de una semana, pasando por un ingreso de tres días; ya que mis defensas habían bajado a niveles inimaginables. Pero todo había merecido la pena.

Ale se había ido a New York por motivos de trabajo, y se iba a quedar durante tres meses, y nos comunicábamos a diario a través de whatsapp. Alan había pedido una excedencia y se había ido con él; esta vez parecía que le iba a ir bien. Y ¿porque no podía disfrutar de ese tiempo?, al menos lo habían intentado, y ésta vez me alegraba por ellos.Yo no pude intentar nada.
Fabio no se separó de mi ni un segundo, regresó de New York y al enterarse que estaba en el hospital vino directo desde el aeropuerto.

Cuando me dieron el alta tuve que vivir, a regañadientes, en casa de Fabio, mi padre estaba ingresado en el hospital, mi madre estaba con él; y nadie se podía encargar de mí durante veinticuatro horas sin estar en el hospital; así que asumí mi encierro.
Al tercer día de estar casi medio inconsciente, y sin poder levantarme de la cama conseguí mantener una conversación lucida.

- ¿Qué te parece viajar a Tailandia en invierno?
- ¿Que dices que, ... qué? - balbuceé.
- ¿Que qué te parece viajar a Tailandia en invierno?, creo que es una pregunta fácil de contestar - y sonrió. Con aquel simple gesto cualquier chica habría caído rendida a sus pies, pero yo, yo era yo. 
- ¿ A ti se te ha ido por completo la olla? Ni no, ni no, ni no - imité el ruido de una sirena  - estás para encerrarte en el frenopático.
- Te lo estoy diciendo completamente en serio, es tu viaje pendiente, y ¿porqué no?
- Pues, porque no.
- A veces me sorprende lo locuaz que llegas a ser - maldita ironía.
- No es el momento, mi padre, yo, los tratamientos, joder - y empecé a sudar, no paraba de tocarme el pelo, signo de que estaba nerviosa perdida.
- Sabes perfectamente lo que te han dicho, hazlo ahora. 
- Lo sé, lo sé. - y las palabras de mi padre empezaron a sonar en mi cabeza "Sarah, disfruta ahora, mañana, mañana será otro día. Hemos nacido para morir, pero este no es nuestro momento, así que disfruta de todo lo que puedas cada día. Yo voy a hacerlo, si me prometes que tú también lo harás."
- Sarah ... - y su tonó cambió a reprimenda porque creía que estaba pensando nuevamente en que me iba a morir y que no merecía la pena nada. Pero aquel verano, realmente me había cambiado.
- Sí, ¡sí!, ¡que coño, pues claro! - y ahí estaba de nuevo demostrando mi inteligencia y mi capacidad mental.
- ¿En serio? - se quedó perplejo mirándome cómo si estuviese mirando a alguien que estaba padeciendo una posesión demoníaca.
- Sí, en serio, vayámonos. No tengo nada que perder, mañana, mañana será otro día.
- Quiero que sepas, que si te arrepientes en el último momento, no me voy a enfadar.
- Fabio, es en serio, no quiero perder el tiempo, si he aprendido algo durante estos dos meses es que no voy a perder ni un segundo de lo que me resta de vida.
- Se que te va a joder la pregunta pero, - la iba a hacer de todas formas, Fabio era así, primero avisa y luego la puñalada - ¿has hablado con Él? esto no será una especie de "ataque de cuernos", ya me entiendes.
- Si piensas que tienes la más mínima oportunidad conmigo, lo llevas claro. - y me eché a reír - No, no sé nada de Él, seguramente estará calentádole la cama alguna rubia lerda - y por primera vez, aquello no me dolió, no lo imaginé retozando con alguien mientras yo estaba echa un mar de lágrimas, no noté como el corazón se volvía a partir en mil pedazos, no anhelaba poder sentirle. Supongo que mi interior se había curado progresivamente, Él no había estado en todo este proceso, ni en lo bueno, ni en lo malo.  

- Sarah,... - tono de reprimenda de nuevo - ¿no le echas de menos?, dime la verdad.
- Fabio - esta vez iba a ser sincera, no necesitaba mentir - echo de menos su voz, sus caricias, sus pequeño detalles. Ni te imaginas lo que le he querido.
- Hablas en pasado, y eso no me gusta.
- Lo sé, pero es la verdad, por una vez, no duele, claro que le quise; y no sabes cuánto - al menos ya no se me ponía esa cara de gilipollas enamorada a punto de vomitar arcoiris cuando hablaba de Él - nunca he sentido nada parecido, Pero, ya es pasado, todos hemos pasado página; Él, yo... - pausa melodramática - nunca, es que nunca había necesitado a nadie. Adoraba sus caricias, ese pequeño detalle de tener alguna chorrada para mí, cómo bombones en su despensa. Estaba deseando que llegase el viernes para poder pasar tiempo con Él. No sé como explicarlo.
- ¿Y qué más?. - Fabio me miraba embobado,  nunca me había visto sincerarme.
- Pues, ... no sé, su sonrisa, su brillo en los ojos, sus ganas de quererme, aunque nunca lo hizo. Pero hubo un momento en el que caí en que ya no estaba en mi vida, y ... - callé.
- Sarah, vomita.
- No duele, de verdad, tengo muy asumido que Él tiene una vida estupenda sin mi, no pasa nada - seguía siendo sincera, le había dado vacaciones a mi negra del Bronx - claro que me hubiese gustado que Él estuviese aquí y que me cuidase; pero no estaba preparado.
- ¿Alguna vez le dijiste algo de ese viernes? - sabía perfectamente a lo que se refería, habíamos hablado de ello.
- No, nunca.
- ¿Y?
- Y, ahí se quedó, sólo le dije que quería quedarme a dormir con Él; ni si quiera sé porque discutimos. Me quedé con las ganas de decirle que qué le parecía que me trasladase a su casa unos días para probar. Me quedé con las ganas de sentirle por última vez. Me quedé con las ganas de tantas cosas. - callé mil cosas de aquel día - Pero, no pasa nada - cogí su mano - todo está bien.
- ¿ Todo está bien? Llevabas preparando un álbum más de dos meses, con vuestras fotos - menos mal que Ale no lo sabía - habías preparado de nuevo una cena romántica para tu cumpleaños. No me puedes decir que todo está bien.
- Dicen que las cosas pasan por algún motivo, y ... bueno, le quise, necesitaba de Él, pero, Él ya no está, al menos de esa forma, en mi vida.
- Alguien me dijo alguna vez una frase de un escritor:  y quizás nos volveremos a encontrar y las cosas serán diferentes, habremos madurado y ahí en ese entonces exista un nosotros.
Soplapoyas - esa frase se la dije yo hace muchos años - no merece la pena pensar.
- ¿Porqué no le dijiste todo?. ¿Porqué todos sabíamos lo que Él significaba para tí, y Él nunca se enteró?.
- Porque Él no me quiso, al menos de la forma que yo queria, y a veces comprar entradas en la montaña rusa no te asegura poder subirte, siempre puede llover. Hay veces en los que la gente prefiere estar seguro y no subirse. Querer a alguien no implica que ese alguien te quiera, o te haya querido.
Y vamos a dejar el tema, ya lo he superado. Y sé que qué de lo próximo que hablaremos será de ti y de mi; y ese tema lo tenemos muy agotado darling - y me eché a reír, acaba de imitar a Ale a la perfección.
- Cabezota como tú sola eh pajarito. Antes de nada, tendrás que hablar con la doctora. Ya me preocupare yo de hacer las maletas.
- Tú lo que quieres es mirar mi ropa interior eh! Pues te vas a llevar una desilusión. Todas mis bragas son negras, ya sabes por el luto sexual. - Y reímos a carcajadas.  

sábado, 9 de septiembre de 2017

Malas noticias


La noche se está cayendo
y con ella cae el tiempo.
El día no sirvió de nada,
tarde de nubes sin agua.
Hoy el cielo es de cemento,
parece que Dios está muerto.
Golpean la puerta de casa,
mensajeros de desgracia...
¡malas noticias!

En el barrio del infierno
la muerte va buscando empleo.
Corre, corre que en la plaza
se pasean las navajas.
¡Ay! corazones de hielo,
la noche de un viernes negro
y en los billares de la esquina
se están jugando la vida...

¡malas noticias! 



Era martes, un jodido martes, estaba esperando la respuesta del nuevo PET, y por ahora nada había sido bueno, así que no esperaba que me dijesen nada bueno. Había estado agotada durante el último mes y no había hecho nada por mí. Durante ese mes sólo recuerdo el oncologico y la cama.

- Sarah, como ya te comentamos, pues no ha salido bien, y debemos darte 20 sesiones más de radio. Esta vez serán 15 minutos cada día, en días laborables
- Vamos, un mes ¿no?
- Sí Sarah, tendremos que volverte hacer un tag y un electro, ya sabes como funciona.
- Sí, quiero consultarle una cosa, si mañana no sale bien la operación de mi padre. ¿Puedo posponer el tratamiento? 
- A ver, no es recomendable, mejor empezar cuanto antes. Pero esto es decisión tuya, yo no puedo decidir por tí.
- Ya, si lo entiendo, pero por ahora nada ha dado resultado por lo que, sólo te pregunto si puedo posponerlo.
- No creo que sea una opción, pero depende de ti. Por ahora está controlado, pero no se reduce. Y ya sabes que no es operable.
- Es que eso no es una respuesta, si puedo hacerlo, lo haré.

Salí de allí, como siempre, medio huyendo. A mi padre le tenían que operar al día siguiente de unos quistes en las cuerdas bucales; supuestamente nada grave.
Llegué a casa de mis padres, casi por inercia, no quería pensar. Realmente creía que la vida me iba a dar un jodido respiro. 
El día se pasó, como se pasan los días malos, sin un más ni un menos, me preocupaba más el estado de mi padre. Él sonreía, como siempre, pero sabía perfectamente que estaba cagado; nos parecíamos demasiado.
Y llegaron las doce la noche, cómo si el reloj hubiese girado cuál delorean en Regreso al futuro.

- ¿Vas a querer ver el boxeo? 
- Por supuesto, pues cómo hacemos siempre, hasta que nos quedemos dormidos. - sabía perfectamente que no íbamos dormir, y la noche se nos iba  hacer eterna. Acabamos viendo combates de M.A.
Llegaron las puñeteras 7 de la Mañana, nos vestimos todos y fuimos al hospital. No va a pasar nada, todo va a ir bien repetía mentalmente, como si fuese un mantra. 

Era miércoles, un jodido miércoles, pasaban las horas y mi padre no salía de quirófano. El resto de enfermos salían en las camillas, acompañados del celador mientras llamaban a sus familiares.

Pasaban las horas y mi padre no salía, a las dos de la tarde, y con nuestra respectiva desesperación, nos llaman a los familiares, mi padre no había salido de quirofano. Mierda.

Nos hacen entrar a un habitáculo y empiezan a con el gran discurso:
- No se ha podido operar el tumor maligno se ha extendido por toda la garganta. y no sabemos hasta dónde ha llegado. Tenemos que hacer varias pruebas y, a partir de aquí, decidir qué tratamiento empezar.

Mi madre me miró fijamente, se hizo la fuerte, y consiguió sentarse sin temblar en aquella silla ridícula. Yo no me lo podía creer, de nuevo el puto cáncer nos perseguía, pero, ¿qué coño habíamos echo en otra vida? ¿Acaso fuimos los propulsores de la Santa Inquisición?

- ¿Tumor maligno?, pero, ¿no era una operación simple de unos pólipos? - consiguió decir mi madre.
- Lo lamento, pensábamos que era un pequeño quiste operable, que lo eliminaríamos con láser y se iba a enviar la biopsia para su análisis, pero, .. pero esto no es operable, no ha sido posible. En 10 días tendréis reunión con Oncología y os dirán si empiezan con quimio o radio, o si se pueden extirpar las cuerdas bucales. Lo lamento.
- Pero, ... a ver, ... ¿él lo sabe? - conseguí preguntar
- Él por ahora está despertando de la anestesia y aún no han hablado con él, pero os explicaran todo esta tarde cuándo se haya recuperado de la anestesia. El doctor se pasará y os explicará todo. Lo siento.
- Gracias - y mi madre extendió su mano temblorosa a la doctora, yo, por mi parte, sólo conseguí salir por la puerta.

El mundo se nos vino encima. Salimos de esa habitación desorientadas. Mi madre rompió a llorar, no se podía creer lo que nos estaba sucediendo, y yo, yo lloré cómo si no hubiese un mañana; nos abrazamos, y entre lágrimas recorrimos aquel pasillo, hasta salir por aquella puerta infernal hasta la sala de espera, dónde nos dijeron que en treinta minutos lo subían a la habitación 24 de la planta 13.

Necesitaba aire, salimos a la calle, mis manos temblorosas acercaron un cigarro a mi boca, mi madre no conseguía mediar palabra y simplemente me observó mientras el cigarro se consumía entre mis labios.

- ¿ Por qué? - consiguió pronunciar - No lo entiendo, ¿qué hemos hecho para que nos pase esto? - y siguió llorando. Yo no sabía que contestar, realmente creía que una "maldición" había caído sobre nosotros, intentó abrazarme pero me aparté; no porque no quisiera ese contacto, sin porque no podía soportarlo. Seguí fumando, sin pronunciar palabra durante alrededor de veinticinco minutos.  Nuestros móviles no paraban de sonar, pero ninguna de las dos hizo el más mínimo esfuerzo por mirarlo o prestarle atención. 

- Mama, tenemos que subir - tiré el tercer cigarro y lo pisé, no esperé respuesta, simplemente volví  a aquellas puertas, con la misma sensación que debe de tener un toro al entrar en un encierro.
- Sarah, espera, no entres. - mi madre me cogió del brazo para pararme - ¿cómo se lo vamos a decir? - sus lágrimas seguían recorriendo su rostro.
- No lo sé, pero no puede estar sólo, no ahora.
- ¿Y tú? ¿Porqué siempre estás sola?
- Mamá, no es el momento - sólo le llamaba mamá cuando estaba realmente cabreada.
- Nunca es el momento Sarah, no pides ayuda nunca, no te comunicas con nostros, no sé que te dijeron ayer. ¿No crees que ya es hora de hablar de lo tuyo?
- Estoy bien, la doctora me ha dicho que está todo controlado, ahora no es momento de pensar en mí - y mi nariz dio la vuelta al mundo dos veces, mentira sobre mentira.
- Antes de subir, necesito que seas fuerte, sé lo que nos espera, ya sabes. - y se calló

Localizamos el puñetero ascensor para llegar a la planta trece, yo seguía callada, no quería pensar, mi cabeza iba por una parte y mi cuerpo por otro. Pulsé el número de la planta y dejé que aquel ascensor me llevase hasta aquel recinto, que no se parecía lo más mínimo a una habitación. Nos sentamos, cada una en una silla, sin hablarnos. Pasó una hora hasta que mi padre despertó de la anestesia.

- ¡Pequeña! - y alzó su brazo lleno de tubos para intentar acariciarme.
- Gordo, no hagas esfuerzos, que estás lleno de vías. - y sonreí forzosamente, mi madre se había quedado dormida.
- No quiero ni una lágrima, ¡eh!, a este lo mato yo. - y con todos sus tubos y un gran esfuerzo apretó mi mano, sabía que mi padre tenía más cojones que el caballo de Espartero, en eso nos parecíamos demasiado.
- Papá, shhhhh que se ha quedado dormida. Tú no tienes que pensar, déjalo. - hablé lo más bajito que pude.
- Pobrecita, debe de estar cansada. - dijo bajando la voz mientras miraba aquel "sillón" que ocupaba mi madre de la forma más ortopédica del mundo .
- Papá, ahora que está dormida, cuéntame, ... ¿cómo estás realmente?
- Yo estoy bien - me daba tanta rabia asemejarnos tanto, sabía que estaba echo una mierda; un golpe así no se lleva nada bien.
- Pa - así le llamaba - de verdad, conmigo no, dime la verdad.
- Que estoy bien pesada, a ver que nos dice el médico mañana por la mañana.

Mi madre se despertó y consiguió incorporarse y deshacer aquella postura tan esperpéntica.
- Me he quedado traspuesta
- Traspuesta dice, ... si se te caía la baba y se te escuchaba roncar - mi padre siempre sabía sacarnos una carcajada.

Estuvimos hablando durante horas, contándonos tonterías y viendo las noticias en esa mini telvisión que funcionaba a monedas. Ninguno de nosotros teníamos ganas de pensar ni hablar de "la cosa mala". A las diez de la noche me tuve que ir a casa, ya que cómo sabréis sólo se puede quedar una persona durante la noche, y por supuesto mi madre quiso quedarse.

No pude dormir en toda la noche, fumé, lloré, grité, blasfemé y me cagué en los muertos del puto cáncer. Eran las 6 de la mañana y mi cabeza no regía, demasiadas horas despierta, demasiadas horas pensando. Salí a la calle, sin rumbo, sólo caminé. Me senté en un banco encendí un cigarro y dejé la mente en blanco durante unos 10 minutos, hasta que mis piernas decidieron comenzar a caminar hasta el hospital.

- ¿Qué haces aquí tan temprano?
- Ma, no sabía que hacer, no quiero que vivas la muerte de los dos.

jueves, 20 de julio de 2017

Lo tuyo y lo mío

Estaba en el hospital, ingresada desde hacía dos días, tenía las defensas muy bajas y por riesgos habían decidido ingresarme por posibles complicaciones. En la habitación no había muchas cosas, tenía poco más que un papel y un bolígrafo. A parte del dichoso móvil que no paraba de vibrar.
Cogí la libreta y recordé algo que me enseñó un profesor de psicología de la Universidad,  vomitar todo lo que me daba rabia en un trozo de papel.

1. No soporto mi perfume, me hace recordar cuándo estaba con Él y nuestros olores se mezclaban.
2. No aguanto el anuncio de Estrella Damm lo veíamos siempre juntos, era como un ritual del que nunca habíamos hablado y lo repetíamos cada año.
3. El anuncio de coca-cola en el que la chica al final bebe de su botella me repatea las tripas, yo nunca tendré la oportunidad de beber de esa botella.
4. Sentirme perdida y con el corazón roto como Sandy en Grease
5. El anuncio del euromillón en el que el chico "persigue su destino" y se coge el asiento de al lado de la chica para conocerla.
6. Mojarme bajo la lluvia y sentir como las gotas recorren mi cuerpo, he decidido usar paraguas.
7. Ojete calor, me pregunto si seguirás viendo sus vídeos. (sí soy una friki) les he cogido hasta un poco de manía.
8. Preparando mi próximo viaje creo que debería volver a Menorca, para no recordarte. A ver si llego a hacer viajes.
9. No soporto recordar cómo me mirabas, ...

- ¿Qué haces pajarito? - y la sonrisa de Fabio iluminó toda la habitación mientras entraba.
- Hola petardo - levanté el brazo lleno de tubos a modo de saludo.
-  A ver ... Y y me arrancó la libreta de entre mis manos.
Se quedó callado durante un par de minutos.
- ¿Ya estás como en la uni? Vomitas y destruyes el papel, cómo si así se fuesen todos tus males.
- Fabio, estaba aburrida y bueno, he escrito un poco. Tampoco es para ponerse en plan dramaqueen por favor, eso le pega a Ale no a tí.
- Te autodestruyes y este no es el momento. Mírate.
- Eh eh eh! - levanté la mano alzando el dedo al más estilo negra del Bronx - ¿ves la puerta?, aquí viene gente a animarme no a joderme. Así que ya sabes.
- ¡Sarah! -alzó la voz-  no empieces, vamos a llevarnos bien, no quiero que pagues conmigo lo que te pasa con Él.
- Lo siento - me di cuenta que me había pasado bastante - ¿te puedo hacer una pregunta?
- Dime petarda, a veces no sé porqué te aguanto - y se sentó en el borde de la cama mientras acariciaba mi mano y sonreía.
- ¿Porqué no funcionó?, ¿porqué nunca ha funcionado? Siempre viví con ese miedo a perderle.
- Porque nunca te amó - miró hacia mi mano y la agarró con más fuerza - lo nuestro nunca funcionó porque tú no me amabas, y lo vuestro, porqué Él nunca te amó.
- Fabio, ... lo siento. - me quedé en silencio y sin saber qué decir, y es bastante raro, porque siempre tengo alguna chorrada que decir, sobretodo para quitar hierro al asunto y cambiar de tema.
- No te pido que lo sientas, no te lo he dicho para que te sientas mal. Sólo quiero que dejes de darle vueltas. Sé que duele y mucho pero no debes culparte, y debes dejar que todo siga su curso. Y deja de odiarte, que me pones enfermo.
Nos miramos y nos echamos a reír, sabíamos perfectamente que esa frase había sido bastante inapropiada, 

- Le has vuelto a escribir ¿verdad?. Me prometiste que borrarías su teléfono.
- Sí, bueno, sólo le he dicho que me gustaría saber de Él y que suponía que estaría viendo el fútbol
-  ¿Y? - Me miro miró con cara de Sherlock Holmes en un interrogatorio.
- Ya hablamos, esa ha sido su respuesta. - miré hacia el suelo como cuando los niños se sienten culpables cuando hacen una trastada .
- No le has dicho que estabas aquí ¿verdad?
- No, la he cagado, lo sé, sólo esperaba que ... Va es igual
- No, no es igual, esperabas que te dijese que te quería, que quería saber de ti y que siente todo el daño que te ha hecho. ¿Qué esperabas?, ¿que viniese al hospital a pedirte perdón y te besase en plan película?.  Nos habías prometido que ibas a borrarlo todo y que ibas a luchar por ti.
- No, no esperaba que me dijese nada, ni que hiciese nada. Ya esperaba que dijese algo así, Él tiene su vida y estará ocupado, - y ahí estaba mi nariz creciendo como la de Pinocho.
- Me da igual, tú sigue machacándote, como se entere Ale, lo va a hacer él mismo.
- Ni se te ocurra contárselo a Ale, sabes que no está de acuerdo con nada de esto, hace mucho que le prometí que no volvería a ponerme en contacto con Él.
- ¿Mentirle a Ale? Tu sabes que te lo huele, al igual que yo.
Y ya sabeis que Ale es como Beetlejuice cuando pronuncias su nombre tres veces, allí aparece.

- Toc, toc. ¿cómo está mi princess?
- Pues ya ves, aquí, haciendo gasto de la Sanidad pública. - sí esas somos yo y mi ironía.
- A la próxima te llevas una colleja Sarah. - y esos eran Fabio y su regañina rutinaria hacia mi ironía.
- ¿Cómo te va con Alan? - y así es como se cambia de tema (punto para mí).
- Ay darling, pues estoy in love, y esta vez va a funcionar, éste es el de verdad, hemos esperando mucho tiempo para estar juntos - habíamos escuchado demasiadas veces la misma historia pero ahí estábamos, aguantando estoicamente sin pronunciar ninguna palabra - ha vuelto, y ésta vez es para estar juntos; ya sabeis que no suelo bajarme los pantalones - ahí si que solté una risita de las mías mientras Fabio me daba la colleja que me merecía - ¿de verdad darling? ¿tenemos doce años?, a lo que iba; pues como ya sabéis quedamos para tomar un café cuando volvió de su viaje. Y una cosa llevo a la otra y ... (pausa dramática)
- ¡Ay, de verdad Ale! ¿que pasó? ¿te lo tirarse? - me sorprende lo fina que puedo llegar a ser.
- Deja que se explique, qué animal eres cuando quieres.
- Gracias Fabio, (segunda pausa dramática tocándose el pecho y mirando hacia el cielo cual gilipollas enamorado) pues cómo iba diciendo, le dije que le echaba de menos y ...
- ¡Ostia puta! Qué tortura, a ver si te piensas que tengo todo el tiempo del mundo ¿Hola? - señalé los tubos que colgaban de mi brazo y recibí una nueva colleja.
- Eres insufrible - cuantas veces había escuchado esa frase - pues le dije que le echaba de menos y que había pensado mucho en él y me dijo que ¡él tambien! pero ...
- Vale, esta vez me exasperas a mí. - Fabio se revolvió el pelo y resopló.
- Resumiendo que estamos empezando de cero, estamos en plan amigos y a ver que surge.
- Vamos que no te lo has tirado, y para eso tanta tontería, ¿en serio? Joder.
- ¿Y me lo dices tu?, ¿la que se ha pasado todo este tiempo vagando como un alma en pena enganchada a un móvil?, ¿la que me ha llamado en infinidad de ocasiones porque te han dejado tirada como a una cualquiera?
- ¡Eh!, ¡Eh! Te has pasado tres pueblos, si quieres te echo en cara las miles de cosas que he tenido que hacer por ti y tus elecciones maravillosas con los tíos. ¡No me jodas!
- Vamos a tranquilizarnos todos un poco que estamos desvariando un poco. Nos alegramos mucho por ti, y espero que esta vez sí sea de verdad - la razón y la serenidad de Fabio hablaron
- Le has vuelto a escribir, ¿a que si? - y señaló el móvil, mientras yo me cagaba en todo lo habido y por haber - dame el móvil.
- No te voy a dar el móvil, y no, no le he escrito.
- No te lo crees ni tú, ¿y tú? - señaló a Fabio -¿no le has dicho nada al respecto? Luego quien recoge sus pedazos soy yo, claro; y acabamos llorando y pasándolo lo mal. Que me des el móvil.
- Es invadir su intimidad, y si te dice que no le ha escrito, es que no lo ha hecho.
- Y encima la defiendes, es increíble, no quiero hablar más del tema, pero prometiste que ibas a pensar en ti.
- Joder, eres un moñas, vamos a dejar el tema, ya lo he superado. Si hablamos o no es cosa mía, pero te aseguro que ya no pienso en ello de la forma que crees. Sí, he estado jodida, pero no pienso en Él de la forma que crees, es algo que pasó; y ya está, pasó. Todos pasamos por rupturas, unas mejores y otras peores, y sólo espero que le vaya bien.
- Espera Ale, - sonrisa ironica de Fabio - que ahora va a decir que lo ha olvidado y que ha pasado página.
- Ja ja ja - Ale no pudo evitar reírse-  esa me la sé, nunca más abriré mi corazón a nadie, he vuelto a levantar muros infranqueables.
- Sois gilipollas, no sé porqué hablo con vosotros; de verdad.
- Es que nos jode verte mal y que te cierres en banda a un futuro y ... - Fabio se calló, se hizo el silencio absoluto, hablar del futuro en mi presencia últimamente se había convertido en tabú.
- ¡Oye! Que aquí hay unos enfermeros que ojo ¡eh! - sonrieron por intentar complacer mi sarcasmo - Se os va mucho la olla con lo de intentar no hablar de "ciertas" cosas delante mío, que no la voy a palmar ahora - y me tiré en la cama haciéndome la muerta y sacando la lengua.
- ¡Dios, Sarah! No gastes estas bromas, son de muy mal gusto - Ale me agarró con toda la delicadeza del mundo y me colocó sentada en la cama, mientras Fabio estaba con los dientes tan apretados que se podía escuchar como rechinaban en una habitación en plena montaña en China.
- Va, que ya sé que lo hacéis por mí, pero no os hagáis ollas por mi culpa, ya sabéis que el yoga me ha ayudado mucho; las cosas deben pasar y fluir, y al fin todo volverá a su sitio.
- Bufff, voy a salir un momento. - Fabio se revolvió el pelo, se mordió el labio y creo que se contuvo para no dar un portazo.

Al cerrarse la puerta, mi querido dramaqueen se desató.
- Darling, te has pasado mucho, sabes que está muy afectado, todos estamos afectados; pero él, ya sabes como es.
- Oye, que la que está aquí soy yo no él - y señalé la puerta.
- No seas así, vuelve de entre los gilipollas, ya sabes como va esto, lo pasamos mal y tú te mereces algo más.
(CONTINUARÁ)

viernes, 7 de julio de 2017

Nadie hablará de nosotras cuándo hayamos muerto

Esperé dos semanas, y bueno cómo os podéis imaginar no pasó nada. No recibí ningún mensaje ni ninguna llamada. Esto es lo que tienen los bajalunas, que una vez te bajas los pantalones, te arrastras y te abres un poco (no me refiero a abrirte de piernas, ya sabéis) se cuelgan una medalla más, se echarán unas risas a tu costa, y a vivir, que son dos días.

En el transcurso de esas dos semanas, como la vida es muy puta y no me deja ni tomar un respiro, volvieron a llamarme del hospital, tenia una nueva visita con la oncologa. La noticia era que la cosa no había ido bien y tenía que hacer radio otra vez y posiblemente quimio. Todo dependía de cómo evolucionara todo. Así que otra vez me veía yendo al hospital semanalmente
La conversación fue algo asi:
- Sarah sé que la otra vez no quisiste ir al psicólogo, pero creo que esta vez deberías ir, y hablar esto con tu familia. No deberías pasar por esto sola. No creo que sea conveniente.
- Ya, imagino, no sé que decirte ahora mismo, no estoy pasando por un buen momento personal, y estoy bastante ofuscado. - por no decir que estaba hasta los huevos de que la muerte me pasase los talones y que la relación en la cuál me habia apoyado se había ido a tomar por culo.
- Por eso mismo debes hablarlo, también depende de tu estado mental que el tratamiento funcione.
- No te preocupes - y ahí iba una de las mejores actuaciones de mi vida - estoy bien, y si necesito ayuda ya te la pediré, pero por ahora estoy mejor así, sin decirle nada a nadie.
- No creo que eso te ayude, pero es tu decisión y tengo que respetarla. Si necesitas cualquier cosa mis puertas están abiertas.
- Después de la tercera sesión volveremos a hacer un PET y veremos cómo evoluciona.
- Más o menos sé cómo funciona - lo había vivido demasiadas veces en mi familia, así que no me asusté por el proceso.
- Te doy cita para el lunes a primera hora.

Salí de aquel habitáculo de nuevo, está esta vez no iba sola, Fabio me estaba esperando sentado en aquellas sillas que por su complexión parecían tremendamente ridículas y minúsculas. Decidí contárselo el mismo día que me llamaron del hospital, ya que sabía que no quería pasar de nuevo por todo esto sola. Ale no podía acompañarme ese día y en ese momento estaba viviendo una segunda oportunidad con Alan, así que no quise molestar, como siempre hago. Y tiré de la otra única persona que nunca me había fallado.
Después de la discusión más idiota de todos los tiempos, entendió el motivo por el que no se lo había contado.

- No me preguntes como ha ido esto, por favor. Y vámonos de este tugurio, se me ponen los pelos de punta.
- Vámonos. -  no hubo ninguna discusión ni ninguna mala cara, cosa que me extrañaba debido a mi reacción y la forma en la que le había hablado.

Fuimos hasta el parking, y entramos en su coche.
- Sé que la otra noche te dije que no te quedases a dormir, no era una buena día por los dos. Estabas vulnerable, y yo, ... bueno yo no puedo evitar según que cosas.
- Fabio no digas nada sobre ese día, no pasa nada, no fue una buena idea por mi parte, no quería estar sola en ese momento y no era justo para ti. Lo entiendo. - y era completamente cierto, en esas dos semanas que sentí su apoyo incondicional, entendía perfectamente que seguía sintiendo algo por mi, y que era duro vivir a diario que no eres correspondido. Yo lo estaba viviendo, así que no podía culparle por nada. sólo estar agradecida.
- Ya, pero quiero que entiendas que si estoy a tu lado no es por lo que sienta, a ver si me entiendes, si estoy ayudándote es porque te aprecio muchísimo y quiero que estés bien.
- Ya sabes que siempre estoy bien - e hice una mueca parecida a una sonrisa, no quería pensar otra vez en la radio y en todo lo que se me venía encima.
- No estás bien, esto, ... ya sé que prometimos no hablar de esto, pero,... ¿te ha contestado? - le costó la vida preguntarme por Él y se le notaba demasiado, agarró el volante como si quisiera asfixiarlo.
- Te prometí que no volveríamos a hablar de esto. y vas tú y sacas el tema. ¡Oh! ¿ese restaurante japonés es nuevo, no? - esta es mi fantástica forma de cambiar de tema cuándo no me interesa hablar.
- Eso es que no - demasiados años, conocía mis reacciones - ¿y tú?, ¿le has vuelto a escribir? - seguía estrangulando el volante con fuerza.
- No, y no le he escrito, desde el mensaje que tan magníficamente me aconsejaste que le enviase, no sé nada de Él.
- ¿Te quedan un par de días lo sabes, no?
- Sí, y lo prometido es deuda. Borraré todo, mensajes, fotos, todo. Os lo prometí, ya sé que no es bueno para mí, soy muy propensa a regodearme en mis miserias.
- Es decisión tuya, pero no pienso volverte a ver llorando sin cesar y enganchada al móvil cómo si fuese una extensión de tu cuerpo - sí esa fui yo durante un par de semanas, me pasaba el día mirando el móvil, esperando un mensaje, una llamada, repasando cada una de sus fotos, y recordandole. 
- Eres un exagerado - esta vez sí que me reí.
- ¿Exagerado? Tuvimos que arrancarte, literalmente, el móvil de tus manos mientras llorabas mirando sus fotos. - real cómo la vida misma, creo que ha sido el momento más patético de mi vida.
- ¡Venga! Que no es para tanto, ya he dejado de repasar sus whatsapp, cual yonki esnifando farlopa.
- De verdad, eres insufrible, te encanta reírte de ti. - se había relajado, el volante empezaba a respirar.
- Dejemos el tema ¿vale?
- Ok, cómo dirías tú, corramos un estúpido velo. Y ahora vamos a tomar algo y me cuentas qué te han dicho en el hospital.

Nos sentamos en una terraza. tranquilos, y le expliqué muy por encima lo que me habían dicho. No me apetecía hablar del tema.
- No te voy a dejar que vayas sola como has hecho hasta ahora. Si no quieres que entre, o no quieres explicarme más, no pasa nada, pero te vamos a llevar o Ale, o yo. Y no hay escusas que valgan - a veces me daba mucha rabia lo comprensivo que era.
- Tengo que ir el lunes a las ocho de la mañana y ...
- Y nada, el lunes te paso a buscar. 
- Cambiando de tema, ¿cuándo tienes previsto volver a la ciudad que nunca duerme?
- Pues la verdad es que tendría que volver un mes, intentaré que sea para agosto, no quiero dejarte sola.
- Es que eres idiota, no me va a pasar nada en agosto, o en julio, o en el mes que sea.
- Buffff, no empieces con tus sarcasmos.
- No es sarcasmo, ni humor negro del que suelo usar, tienes que pensar en ti. Yo estoy empezando a hacerlo.
- ¿A si? Pues ya me dirás, si pareces un alma en pena 
- Las ojeras y la cara vienen de serie, imbécil - dije mientras me burlaba de mi misma haciendo una mueca, algo parecido a lo que yo llamo "cara de monguer".
- Va anda, ¿qué te apetece hacer hoy?
- Pues estaba pensando en tirarme en paracaídas, pero creo que no es muy recomendable.
- De verdad, no hay quien te aguante. En serio ¿qué te apetece hacer esta tarde?.
- Pues no sé, la verdad, podíamos ir al cine ¿No?
- ¿A ver una película friki?. Te propongo un plan, vamos a ir a la playa y vamos a cenar por ahí. ¿qué te parece?
- Que me da palo
- Yo sí que te voy a dar un palo, anda, levanta el culo de esa silla que nos vamos.

sábado, 1 de julio de 2017

Las cosas malas me hacen dudar (II)


Ese bloque me era muy familiar, ya sabía dónde estaba, me esperaba la película The Crow y la dichosa manta de ositos en casa de Ale.

- Sarah, no sabía hasta dónde debía conducir, ¿quieres subir? - me miraron por el retrovisor esperando alguna respuesta.

Vi el reflejo de mi rostro en la ventanilla, y me recorrió una sensación extraña, era una mezcla de asco y pena. ¿cómo había llegado a esta situación otra vez? Tardé un momento en contestar aunque me parecieron horas.

- No, no quiero ir a tu casa ¿podemos, ... podemos ir a otro sitio? por favor - y ahí estaba la fábrica de lágrimas de nuevo, en pleno proceso de fabricación.
- Vamos a mi casa - espetó Fabio.
Sin más Ale encendió de nuevo el coche y empezó a conducir, yo estaba ensimismada en mis pensamientos, dándole vueltas a ese adiós absurdo que acababa de vivir. Diez minutos más tarde estábamos en frente del portal del piso de Fabio.
Los tres nos miramos y Ale abrió la boca:
- Sarah, lo siento pero, que si quieres yo dejo el plan que tenía, es que había quedado con Alan y después de casi un año queríamos arreglar las cosas.
- Ale, no te preocupes estoy bien - sí, claro - me quedo un rato y me voy a casa.
- Princess de verdad, yo no sabía que iba a pasar esto, yo si quieres lo dejo para mañana y ... - no le dejé continuar.
- Cariño, no pasa nada estoy bien - rocé su brazo como pude - estoy genial y ya mañana quedamos, y hablamos, y me cuentas, mañana será otro día. Seguro que mañana veré todo esto con otra perspectiva.

Se dirigió al coche, con cara de pena, cómo cuándo abandonas a un perro, Nos despedimos con un triste gesto de mano. Fabio abrió la puerta y nos dirigimos al ascensor, sin mediar palabra. Llegamos a la planta pulsada, acercó su mano a mi hombro y me hizo entrar al piso. Fuimos hasta el comedor y allí nos quedamos los dos solos, sentados en el sofá, mirando al infinito de la enorme televisión de 55 pulgadas que estaba apagada, por no mirarnos a la cara. Yo no era capaz de mediar palabra, mi cabeza no regía demasiado bien, los pensamientos negativos no paraban de nublarla.

- Me puedes explicar que ha pasado esta vez, si quieres - la voz de Fabio sonaba pausada, creo que estaba haciendo un esfuerzo titánico para no gritarme y llamarme gilipollas.
- No lo sé - me eché las manos a la cabeza y empecé a tocarme el pelo, como siempre hago cuando me pongo nerviosa - la verdad es que no lo sé.
- Si no me lo quieres contar ahora, no pasa nada. ¿quieres tomar algo?. ¿Te preparo una infusión, o prefieres una cerveza sin alcohol? - se levantó y se puso en frente de mí, empezó a revolverse el pelo, en eso nos parecíamos demasiado, sabía que estaba muy nervioso.
- No, no quiero nada, ¿me puedo quedar? - no sé porqué salió esa frase desde mi cerebro, jamás le había pedido quedarme a dormir.
- Sarah, hoy no es buena idea, y lo sabes. Sólo quiero verte tranquila y llevarte a casa. Y no me vengas con que ya estás tranquila.
- Esta vez es de verdad, hemos dado carpetazo. Pero me besó, sonrío y después me dejó. ¿porqué me besó? - esa pregunta rondaba mi cabeza sin parar, no lo entendía.
- Yo no te puedo contestar - volvió a sentarse y me agarró la mano - yo no estoy en su mente, no sé lo que ha pasado, pero si no te quiere esto es lo mejor,
- ¿Lo mejor?, ¿lo mejor para quién?, no lo entiendo, es que no sé qué he echo mal. - y lo cierto es que me culpaba y no entendía nada.
- Pues lo mejor para ti, no puedes decidir por Él, no puedes decidir a quién quiere, en un futuro lo verás de otra manera.
- No me digas qué es bueno o no para mí, no es justo, no es justo, y no lo voy a entender. ¿sabes qué me ha dicho? que las cosas buenas le hacen dudar. - esa frase se repitió en mi mente demasiadas veces.
- Yo siempre he dudado de las cosas malas - dijimos al unísono. Sonreímos, nos miramos y decidí que lo mejor era que me llevase a casa.

- Escríbele, dile lo que sientes, dale un plazo, quizás tenga que pensar. - sentí que era la primera vez que comprendía por lo que Fabio había pasado todo este tiempo.

Y así lo hice, le escribí, me bajé otra vez los pantalones, aparté mi orgullo y allí estaba yo, a punto de mandar el whatsapp más idiota de toda mi historia.


Sé que no debería escribirte, y sé que me voy a odiar por esto, pero no lo estoy pasando nada bien, te quiero y te echo demasiado de menos. No te pido que me escribas. Ojalá pudiese volver al momento de ¿cómo te gustan los huevos? Hasta siempre

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Fabio arrancó el coche y me llevó hasta casa, me dejé caer en la cama y no pude dormir durante días.